martes, marzo 11

Esas calles de regreso a casa

Mi mirada se alza de vez en cuando, en esas calles de regreso a casa. Observo la ausencia de personas. No hay transeúntes, caminantes ni observadores de ventana. Aquellos suburbios están desiertos, como mis ojos cansados.


A mis espaldas puedo escuchar el eco de algunos ladridos. Sus rituales de comunicación parecen ceder con el paso de algún vehículo. No hay pájaros silbando, ni mucho viento que mueva las hojas.

Ésta es tierra conocida. Es la tierra en la que me crié. Conozco sus calles, y conozco sus casas. Hoy juego a que están vacías, como cuando era niño. Aunque hubiese gente adentro, no me importan. Comienzo a cantar despacio, como siempre que en la calle me encuentro solo.

Es de día, pero aquellas grises nubes de lluvia atenuaban mi camino, como si conocieran mi nostalgia. ¿A qué se debía mi nostalgia?, ni yo lo sé, pero ahí se encontraba, siguiendo mis pasos, tomandome del hombro y susurrandome recuerdos que quise olvidar.

Mi mirada se alzaba de vez en cuando, en esas calles de regreso a casa.

Los arboles están casi grises, y los silenciosos aleteos ocultos entre sus hojas me hacen sentir acompañado. Me resigné al peso de mis brazos, y escondí mis manos en los bolsillos de mi pantalón.

No sé que hora es, pero la vuelta a casa de dos manzanas se volvió interminable.

Entonces mi mirada se alzó, y de mi viaje por esas calles de regreso a casa, apareció la puerta.

Entré a mi casa en silencio. Entré a mi cuarto en silencio y me senté a escribir ésto, en silencio.

En esas calles de regreso a casa.

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